Formación lingüística o no formación. La duda es siempre la misma: ¿cuánto me cuesta?
Cuánto me cuesta una máquina, cuánto me cuesta un empleado más, o una fotocopiadora nueva. Y, por otro lado, ¿cuánto me cuesta en cambio NO tenerlo? ¿A cuántos trabajos tengo que renunciar si no amplío maquinaria y plantilla? ¿Cuánto tiempo pierdo en la empresa con una sola fotocopiadora y la gente que la necesita ahí parada, haciendo cola?
Los datos europeos sobre las competencias lingüísticas de las empresas
Al menos en lo que se refiere al coste de las competencias lingüísticas que faltan, hemos encontrado un dato interesante, extraído de un informe encargado por la Unión Europea que podéis descargar aquí:
LA GUÍA LINGÜÍSTICA PARA LAS EMPRESAS EUROPEAS (descargar)
Citamos textualmente:
“Según el estudio ELAN, entre las casi 200 empresas que tuvieron que renunciar a contratos potenciales por falta de idiomas extranjeros, 37 atribuían a los contratos perdidos un valor de entre 8 millones y 13,5 millones de euros. Otras 54 empresas habían dejado escapar contratos por un valor de entre 16,5 millones y 25,3 millones de euros, y diez empresas por un valor superior a un millón de euros.”
El problema no surge solo cuando nadie, en una empresa, conoce un idioma. El riesgo más insidioso es que un conocimiento de nivel escolar lleve a malentendidos sobre los términos de los acuerdos comerciales, sobre las peticiones, o a simples situaciones de tensión o de esfuerzo para mantener la comunicación en un nivel aceptable para el negocio. De hecho, el informe continúa:
“Las diferencias culturales son otro obstáculo ligado a la comunicación, y en torno a una empresa europea de cada cinco declara tener dificultades con ellas. Y no es solo en las regiones remotas del mundo donde las empresas encuentran las mayores diferencias culturales: estas pueden surgir también en las situaciones que en apariencia nos resultan más familiares. Para hacer negocios por toda Europa puede ser necesario, de hecho, negociar con centenares de culturas nacionales y regionales distintas.”
La calidad de los contactos y de los vínculos que sois capaces de establecer con los socios internacionales es muy a menudo una variable fundamental para la buena marcha de toda la empresa.
Por eso os recomendamos encarecidamente que dediquéis unos minutos a leer el informe entero: además de datos y reflexiones interesantes sobre las empresas europeas, encontraréis también casos de éxito y consejos prácticos para gestionar mejor las relaciones con el extranjero. Algunos muy sencillos: por ejemplo, ¿vuestra web es multilingüe? ¿E incluye, además del inglés, también los idiomas de los países a los que más exportáis?).
El informe habla también de las maneras de conseguir las competencias lingüísticas necesarias: por ejemplo, apoyándose en agentes que se ocupen por nosotros de algunos países. O bien, contratando personal que ya conoce muy bien el idioma que nos interesa (o que lo está estudiando). O, también, poniendo en marcha planes de formación dentro de la empresa.
Los datos de la Toscana
Para tener datos más actualizados y específicos de nuestra realidad, sin embargo, en European School hemos encargado un estudio específico sobre las empresas del territorio toscano.
A la encuesta respondieron más de 800 empresas toscanas, representativas de nuestro territorio por distribución geográfica, tamaño y tipo de actividad. Todas ellas nos han ayudado a entender mejor cuál es la relación entre nuestras empresas y el uso de los idiomas extranjeros, y el modo en que afrontan la necesidad de comunicarse con el exterior.
Estos son algunos de los resultados más relevantes, que parecen confirmar plenamente lo que ya nos sugería la experiencia directa:
• Más del 60% de las empresas entrevistadas tiene relaciones con el extranjero. Las que no las tienen son predominantemente empresas de vocación local que, en cualquier caso, no tienen intención de expandir su negocio más allá de la frontera.
• Predominan los intercambios con Europa (Francia y Alemania a la cabeza), seguida de Estados Unidos. Resultan muy importantes también los intercambios con China, mucho menos los que se mantienen con Rusia – quizá porque los contactos con Rusia se limitan a algunos sectores de producto y a algunos tipos de empresa.
• Para hacer frente a la necesidad de contar con personal que hable uno o más idiomas extranjeros, se contrata a empleados que ya tienen una buena formación lingüística. Las empresas que contratan a personal que aún está formándose son un porcentaje mínimo, y las que prevén actuaciones dentro de la empresa son todavía menos.
Si contratar personal ya formado presenta ventajas indudables, al mismo tiempo tiene también sus puntos críticos, que hacen conveniente valorar planes de formación o, cuando menos, de reciclaje lingüístico y cultural.
Por muchos motivos: por ejemplo, para asegurarse de que el nivel de competencias lingüísticas es realmente adecuado. O bien, para completar una competencia ya existente de base con un lenguaje especializado adaptado al sector de referencia.
O, también, porque a menudo el empleado tiene buenas competencias lingüísticas en sentido estricto pero sabe demasiado poco de la cultura con la que la empresa se relaciona (y esta es una situación que ya hemos visto que resulta especialmente insidiosa).
Por todos estos motivos, os invitamos a valorar con atención tanto los costes como los beneficios de un plan de formación en la empresa, comparándolos con los costes y los riesgos de dejar un activo valioso en manos de la buena voluntad (o, más a menudo, del simple recuerdo de los tiempos del colegio) de vuestros empleados.
Por último, en un mercado mucho más flexible por fuerza que el de hace solo diez años, la formación lingüística puede ser un beneficio social muy bien recibido por los empleados, que ven así crecer sus competencias personales y reforzada su posición también dentro de la empresa: ¡pero de esto hablaremos con más detalle en un próximo artículo!
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