Estudiar un idioma extranjero es una inversión considerable, una inversión en la que los componentes “tiempo” y “esfuerzo personal” suelen infravalorarse, cuando deberían situarse siempre en primer plano.
Con la variable “coste económico”, en cambio, el riesgo es simplemente calcularla de forma equivocada.
Por último, la elección del idioma que se va a estudiar también es esencial para que la inversión realizada dé los frutos esperados.
Con este artículo queremos que veas el estudio de un idioma extranjero como una inversión desde todos los puntos de vista enumerados arriba, tal y como debería hacerse cada vez que se quiere estudiar de verdad un idioma nuevo o perfeccionarse en uno ya aprendido.
Variable 1: para aprender un idioma hace falta tiempo
El tiempo que nuestra mente necesita para asimilar un concepto es mucho más largo que el que hace falta para “entenderlo”. Nuestros profesores pueden explicarte las conjugaciones de los verbos en presente en alemán en menos de una hora, y seguramente esa hora te bastará para entenderlas a nivel lógico.
Pero desde luego no para memorizarlas, asimilarlas correctamente, utilizarlas. La variable “tiempo” en los cursos de idiomas es fundamental. Incluso un curso organizado como intensivo debe dejar a nuestra mente margen para asimilar correctamente los conceptos y organizarlos en una estructura clara y coherente, que nos permita movernos sin problemas por los entresijos de una gramática que nos resulta ajena.
El tiempo necesario cambia, evidentemente, según los objetivos de la enseñanza y el nivel de partida (quien ya tiene buenas bases tarda menos en asimilar los nuevos conocimientos).
Por eso siempre conviene valorar tu plan formativo junto con el profesor, de modo que los plazos de estudio previstos sean los realmente necesarios para alcanzar tu objetivo.
Variable 2: el esfuerzo personal debe ser constante
Estar atento durante la clase es importante, desde luego. Pero de poco servirá si no estás dispuesto a concentrar tus energías en el objetivo “aprender inglés / alemán / árabe” también fuera del horario de clase.
Hace falta concentración durante las clases. Hace falta disciplina para estudiar en casa. Pero, para obtener los resultados esperados, hace falta mantenerse centrado en el objetivo incluso mientras te tomas un café en el bar (y quizá repasas mentalmente los adjetivos de grado superlativo absoluto) o ves una película (buscándola quizá en versión original, aunque sea con subtítulos).
Si tienes este tipo de atención mental, es probable que obtengas resultados brillantes. De lo contrario, es fácil que no estén a la altura de las expectativas y que te refugies en la excusa de “no tengo don para esto / no me sale”.
Variable 3: cuánto cuesta aprender un idioma extranjero
Normalmente un curso de idiomas cuesta X euros la hora. Pero ¿cuánto cuesta aprender un idioma extranjero?
Pensemos en términos matemáticos. Partiendo de la base de que tu objetivo sea alcanzar el nivel Y del idioma extranjero elegido, el coste al que te enfrentarás será X euros la hora multiplicado por el número de horas de clase necesarias.
“Elemental, Watson.”
Así que para reducir mi inversión económica puedo seguir dos caminos:
- Elegir una escuela o un profesor con un coste por hora bajo. Es una ilusión más que una solución, porque con un profesor menos bueno probablemente tendré que afrontar un curso más largo antes de alcanzar el nivel de idioma que necesito.
- Mejor elegir una escuela de idiomas con profesores de muy buen nivel que me den el tipo de preparación que busco en el tiempo necesario, pero no más.
La mejor forma de reducir el coste del aprendizaje es combinar un buen profesor con los consejos expuestos en los párrafos anteriores: máxima atención durante la clase, estudio diario para memorizar y asimilar las lecciones, esfuerzo y concentración en el objetivo.
Un buen profesor te permite sacar el máximo partido a todo el proceso porque te hace la materia clara e interesante y te transmite un método de estudio incluso antes que los conocimientos lingüísticos.
Recuerda, por tanto, que elegir una escuela de idiomas solo en función del coste por hora es, en la práctica, una pésima inversión porque no tiene en cuenta el “coste de aprendizaje” total.
Del mismo modo que es una pésima inversión matricularse en una escuela excelente y no esforzarse para obtener los resultados adecuados.
Variable 4: la elección del idioma que se va a estudiar
El inglés es indispensable para todas las empresas y los emprendedores que quieren prosperar en el extranjero. El chino es el idioma más hablado del mundo. Las ofertas de empleo que mencionan el portugués se están multiplicando, impulsadas por el aumento del comercio con Brasil. El francés está viviendo una segunda juventud como idioma internacional, mientras que el ruso parece indispensable para quien trabaja en el mundo de la moda.
En efecto, el idioma que puede resultar una buena carta a jugar en el mundo laboral (para encontrar un nuevo empleo, consolidarse, hacer carrera) depende del propio perfil profesional, del tipo de sector en el que se trabaja y, por último, de una serie de factores adicionales que pueden ser bastante aleatorios (como podría ser la búsqueda de un perfil que hable, por ejemplo, flamenco por parte de una empresa a punto de abrir una nueva sede en La Haya).
El primer idioma que hay que estudiar es siempre el inglés, evidentemente, ya que hoy en día es la lengua franca tanto para el comercio como para la tecnología, el mundo académico y la investigación científica. Un nivel al menos intermedio de inglés es un requisito mínimo en cualquier currículum, ya no una ventaja añadida.
Elegir el idioma que, en cambio, dé un valor añadido a tu carrera es mucho más fácil cuanto más definida esté tu situación.
Si ya trabajas dentro de una empresa y quieres adquirir nuevas destrezas, probablemente ya sabes lo que necesitas. Lo mismo si actualmente no trabajas, pero ya tienes un currículum que te orienta hacia un sector determinado.
También para quien está buscando su primer empleo, lo que aconsejamos es elegir el idioma que aprender en función de lo que se pide en el sector o en el puesto hacia el que se orienta.
Solo así nuestra inversión de tiempo, esfuerzo y dinero tendrá realmente el máximo rendimiento posible.


